Se acercaban los días. El pediatra nos había informado acerca de la época en que los infantes comienzan a balbucear sus primeras palabras. Y yo, en mi soledad, no podría perderme ese momento; apenas sí me despegaba de su lado para buscar vitualla y volver presto a su vera.
Y llegó. Tras horas balbuceando, probando todos los fonemas del idioma, y algún otro que se le escapó al lingüista de diccionario, Luzia consiguió sus primeras palabras. Sabía que iban a llegar tarde o temprano, pero mi corazón no pudo evitar dar un vuelco cuando, entre sollozos y pucheritos, de su boca emanó, limpia y clara, la pregunta.
Recent Comments