Berganita es una de esas aldeas bucólicas sitas allende cualquier mapa de geografía conocido, por encima del polo terráqueo. En épocas invernales, apenas cuenta con dos horas de luz solar al día. Entonces, comienza el espectáculo que miles de turistas ansían ver: a primera hora del alba, las casas de la villa se preparan para recoger los primeros rayos del Sol. En cuanto éste aparece y comienza a recorrer la bóveda celeste, empiezan los primeros crujidos: las viviendas se contorsionan para conseguir un puesto de honor en la orientación al Astro, en feroz pugna las unas con las otras. Luchan correteando durantes dos horas a lo largo de toda la colina, maximizando el aporte energético. Tras la puesta del Sol, las casitas recuperan fuerzas, se abrazan entre sí y emprenden el largo viaje de vuelta a sus posiciones inicales, en busca de los rayos del mañana.
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